Acerca de Vice
La cámara de Vice te baja a ese subsuelo donde las historias de verdad no piden permiso, te presenta lo que se cuece lejos de los focos y te deja masticando verdades sin endulzar.
El beat bajo la baldosa
Imagina que la televisión tradicional es un edificio de oficinas impoluto, con ventanales que reflejan el cielo. Luego, imagina que, por detrás, hay una escala de incendios que baja hasta un callejón lleno de grafitis, donde un tipo te hace una seña para que entres a un bar clandestino. Eso, amigo, es la entrada al universo de Vice.
Este canal nunca persiguió el centro de la escena; más bien, se plantó en la periferia, donde lo interesante de verdad germina. Desde explorar el lado B de la alta costura con Fashion Week Internationale, hasta meterse en los territorios más complejos para entender fenómenos como la crisis de los opiáceos en Estados Unidos o las batallas invisibles en Donbass. Su gracia siempre fue esa: ir al barro, ensuciarse las zapatillas y contarte lo que otros solo insinuaban o ignoraban por completo (y sí, a veces te hace sentir que eres tú el que debería haber estado ahí, o quizás no).
Su lente es un microscopio para la cultura contemporánea y sus submundos. Puedes encontrar desde crónicas sobre la vida de Shaun White fuera de las pistas, hasta investigaciones sobre el uso de la tecnología para el activismo o los nuevos lenguajes del arte callejero. Vice desmantela los clichés, te expone a perspectivas que incomodan y te fuerza a mirar más allá del titular fácil, demostrando que el mundo es mucho más complejo y fascinante de lo que nos dejan ver a simple vista.
Es el manual de supervivencia para entender el siglo XXI desde sus cloacas y sus cimas, un manual escrito con tinta invisible para los ojos bienpensantes.