Acerca de TVN
Ese lugar donde el background noise de tu abuela se cruza con las crisis políticas y la tragedia en el Valle Central, todo antes de que pases al streaming de turno.
El último mohicano del prime time chileno
A ver, te voy a ser honesto: por años, mi conexión más profunda con el país era ese zumbido constante de la tele en la casa de mis viejos, un eco lejano de noticias y dramas que se colaba por los pasillos mientras yo fingía estudiar. No miraba, pero escuchaba. Y, sin darme cuenta, me iba empapando de quiénes éramos, o al menos, de la versión oficial y dramatizada que nos contaban. Ese es el pulso que muchos de nosotros, mal que mal, llevamos en el ADN.
Porque más allá de la nostalgia barata, aquí te topas con el latido de un país que se debate entre la catástrofe y el nuevo hit de la tarde. Desde los noticieros que destripan la contingencia con la urgencia del que sabe que tiene que informar a una nación entera, hasta esas teleseries que son puro costumbrismo criollo elevado a la enésima potencia. Un circo romano con acento chileno, donde el melodrama es el pan de cada día y las historias tienen más giros que un carrete en Valparaíso.
Cuando el resto del cable se pierde en nichos o tendencias efímeras, esta señal aguanta el tirón. Te pone frente a la cara lo que pasa, desde las noticias más crudas que hacen que los titulares de Twitter parezcan un chiste, a documentales que te aterrizan de golpe en la realidad nacional (y sí, a veces eso duele más que un piquero en el Bío Bío en invierno). No es solo una pantalla, es el espejo que refleja lo que fuimos, lo que somos y lo que nos inquieta como sociedad (con un presupuesto que, a veces, parece más de fondo concursable que de canal estatal, pero ahí están, dándole).
La tele abierta que no pidió permiso para seguir siendo relevante.