Acerca de Sub Pop
La casa disquera que, sin pedir permiso, le puso banda sonora al garage rock y al grunge cuando nadie sabía que existían. Esto es historia musical no apta para puristas tibios.
Cuando Seattle Era El Sonido Y No Solo Una Ciudad Lluviosa
Nirvana te saludaba desde este mismo lugar, con la rabia de Bleach, antes de que el mundo se pusiera el uniforme de franela y la melena de Kurt Cobain fuera un estándar estético. Aquí, en el reducto creado por Bruce Pavitt y Jonathan Poneman, la música era un puñetazo, una declaración de principios que olía a cerveza barata y a sudor de escenario. Antes de que las grandes ligas olfatearan el billete fácil, Sub Pop ya estaba soltando bombas como Soundgarden y Mudhoney, cimentando lo que se llamaría 'grunge' (aunque ellos nunca lo pidieron así, pero bueno, los sellos venden discos, ¿no?).
Pero creer que esto se quedó solo en el ruido de los noventa es no entender nada. Una vez que la resaca del grunge pasó, Sub Pop siguió siendo un faro para lo que importaba. Vieron el potencial en la melancolía pop de The Shins, en la honestidad brutal de Iron and Wine, y en la peculiar genialidad de The Postal Service. Este no es un sello que se casa con un solo género; aquí la única regla es que la música tenga algo que decir, aunque sea susurrando o con un par de guitarras acústicas.
Incluso se atrevieron con la comedia inteligente de David Cross y Flight of the Conchords, porque el buen arte no discrimina formatos. Luego, llegó la explosión folk de Fleet Foxes, la sofisticación etérea de Beach House, y la genialidad inclasificable de Father John Misty, demostrando que la sensibilidad musical de estos tipos es a prueba de modas pasajeras. Cada banda es un capítulo en la historia de cómo la independencia puede moldear el gusto colectivo sin venderle el alma al diablo. Es un testamento sonoro.