Acerca de Starburst
El nirvana digital de los 80 que no viviste pero que tu subconsciente clama. Siete octavas de neón fundiéndose en tu cerebro como chicle de máquina expendedora.
El soundtrack de tu crisis existencial en neón
Cada día, millones se arrastran por la jungla de asfalto, buscando un escape sónico para que la pantalla no les devore el alma. Necesitamos algo que nos teletransporte, que nos haga sentir que estamos en una película de John Hughes pero sin la trama predecible.
Hay un rincón donde los sintetizadores mandan, donde la nostalgia no es un cliché, sino una atmósfera densa y pegajosa. Si las películas VHS de ciencia ficción y los videojuegos de arcade tuvieran un hijo con un álbum de Tycho o Com Truise, sonarían justo así. Son melodías que te envuelven como una manta eléctrica mientras la lluvia de pixeles golpea tu ventana, llevándote por carreteras infinitas bajo un sol púrpura (o al menos eso es lo que tu cerebro adicto al lo-fi quiere creer). Es el pulso que te acompaña cuando el mundo real se pone demasiado ruidoso para tu cabeza. (Y sí, es el tipo de música que tus padres juran que escuchaban, pero con más reverb y menos pelos en el pecho, claro está.)
Aquí se cuece a fuego lento el chillwave más etéreo, el retrowave que suena a persecución nocturna en Los Ángeles de 1986, y ese synthwave que te hace sentir el protagonista de tu propia banda sonora personal. Piensa en la paleta de sonidos que va desde los paisajes sonoros brumosos de Boards of Canada hasta las autopistas intergalácticas de Kavinsky. Es una alquimia sónica que te entrega la dosis perfecta de melancolía electrónica y euforia contenida, ideal para perderte o para encontrarte entre líneas de código.
Pura serotonina de circuito cerrado, directo al torrente sanguíneo de tu rutina.