Acerca de Nickelodeon
El neuroestimulante oficial de la infancia, un portal naranja a las dimensiones donde la lógica es opcional y los problemas se resuelven con gritos, babas y mucha carcajada plástica.
La píldora naranja del cerebro
Conoces bien a los que se aferran a esta pantalla. Son esos especímenes que dominan la jerga de Fondo de Bikini como si fuera un dialecto natal, o los padres que, entre el caos de la vida moderna, le rezan a la deidad televisiva que les regala un cuarto de hora de silencio (o al menos un ruido monótono que no sea el suyo). Los ves pegados, hipnotizados, con esa mirada vidriosa que solo una sobredosis de dibujos animados puede provocar. Nickelodeon es su refugio, el paraíso terrenal donde la cordura es un concepto negociable y la regla número uno es no tener reglas, al menos no las que aplican en la casa.
Este es el lugar donde las criaturas marinas parlantes como Bob Esponja y su amigo Patricio Estrella se convirtieron en mitos urbanos, casi más reales que tu vecino. Viste crecer a Las Tortugas Ninja, pasaste por el frenesí de Henry Danger y ahora la nueva camada de súper-niños de Danger Force te hace preguntarte cómo diablos llegaste hasta aquí. No es solo un festín de caricaturas; también está la sitcom que te hace sentir incómodo de lo juvenil que es, pero aun así no puedes dejar de mirar (sí, estoy hablando de ti y de tus maratones secretos de Tyler Perry’s Young Dylan). Las familias disfuncionales de The Loud House o los Casagrandes te demuestran que, al menos, la tuya es un poco más normal (o no, quién sabe).
Y si pensaste que solo eran episodios, te equivocas. Aquí te metes hasta la cocina para ver recetas Nick (con ingredientes que seguramente no tienes), te enseñan proyectos DIY que nunca harás, y te meten detrás de las bambalinas con las nuevas estrellas del show, como Jace Norman o la incombustible That Girl Lay Lay (sí, esa es su voz real, no un efecto). Es un universo entero de chatarra cultural que, admitámoslo, a veces es el escape perfecto (aunque tu cerebro adulto grite piedad por el volumen y los colores ácidos).
La pantalla que te entiende cuando el mundo adulto es demasiado aburrido.