Acerca de Disney Channel Animation
Una inyección de adrenalina digital para cerebros en crecimiento, donde los personajes desafían la gravedad y el aburrimiento es el único villano que nunca gana.
El patio de juegos donde la lógica toma vacaciones permanentes.
Confieso, y que me perdone mi yo adolescente punk, que de vez en cuando, en esos bajones existenciales post-fiesta, me he encontrado haciendo zapping y aterrizando aquí. Es como una regresión forzada, un reinicio del sistema operativo emocional a su versión de fábrica, donde todo es color y las soluciones llegan en 22 minutos exactos.
No te engañes, esto no es para analizar la psique humana. Esta es la ciencia exacta del desvarío controlado, donde un par de hermanos construyen una montaña rusa en el patio ( Phineas and Ferb ) o un chico de campo se pierde en la gran ciudad ( Big City Greens ), y todo, por más descabellado que parezca, tiene una resolución que hasta tu terapeuta aprobaría (si fuera un dibujo animado, claro). Es la cantera de esos personajes que tus sobrinos citarán en diez años como referentes de cultura pop, el lugar donde la amistad siempre triunfa y los problemas se evaporan con un estornudo mágico.
Desde las travesuras de StuGo hasta las lecciones de vida que te regala Kiff, hay una especie de algoritmo implacable de buena vibra que lo impregna todo, con risas grandes y aventuras animadas que te alejan de la prosaica realidad. Es la prueba viviente de que el humor inteligente no necesita doble sentido para funcionar, solo un buen equipo de guionistas drogados con azucarillos y un presupuesto ilimitado para la imaginación. (Y sí, de vez en cuando, el cinismo se toma una siesta forzada y uno se ríe de verdad).
La dosis de utopía que todos necesitamos, cada cierto tiempo.