Acerca de 13 Viajes
Te metes en la maleta de unos chilenos que se atreven a mostrar el mundo, no el que te vende la postal, sino el que te revuelve el estómago y te llena el alma de historias.
El globo terráqueo, despojado de poses de postal y agencias de turismo.
La televisión de viajes, durante demasiado tiempo, se ha dedicado a vender una fantasía aséptica, un catálogo de destinos donde todo es perfecto y cada sonrisa está pautada. Esa narrativa ya caducó. El viaje auténtico no es una postal, es el roce, la incomodidad, la risa que brota cuando todo sale mal y el descubrimiento que no estaba en ningún mapa.
Aquí, la exploración se siente menos a tour organizado y más a esa aventura que te lanza a la cara otra realidad. Tienes a Pancho Saavedra y Jorge Zabaleta en Socios por el Mundo, que no viajan, sino que se inyectan el mundo en las venas, provocando encuentros que no buscan la perfección, solo la honestidad de la experiencia, con risas y más de alguna carcajada que desarma el protocolo.
Luego pasas de esa impronta al ojo quirúrgico de Federico Sánchez y Marcelo Comparini, que con City Tour on Tour no recorren ciudades, las despiezan. Te muestran el alma de una urbe a través de su cemento, sus historias y sus grietas, con ese humor ácido que te hace cuestionar hasta la vereda de tu casa (y sí, es mucho más interesante que cualquier guía turístico con megáfono). Y si lo tuyo es la patagonia, el desierto o el patrimonio universal, Claudio Iturra en Maravillas del Mundo te demuestra que el planeta todavía tiene secretos que no caben en una pantalla de smartphone, llevándote a esos rincones que te recuerdan lo minúsculo que eres, y lo brutalmente hermosa que es la tierra.
Pero la geografía más compleja, la más emotiva, la que realmente te desarma, es la humana. Siempre hay un chileno es la evidencia de que las fronteras son solo líneas en un mapa y que la identidad se lleva pegada al alma, da igual si estás en Tokio o en Estocolmo. Son historias de gente que se fue, pero que nunca dejó de ser, un espejo potente de la nostalgia y la adaptación. Lo que se emite aquí es el testimonio de que viajar es un verbo que se conjuga con verbos reales: sentir, equivocarse, reírse de uno mismo, y volverse un poco más sabio, aunque sea a palos.